CAROLINAMAS empezó a gestarse una noche de invierno en la cocina de la casa de mi abuela: Quela.
Quela tenía sabañones en las manos y solo agua fría para lavar los platos de la cena. De vez en cuando calentaba una olla con agua para no sentir los pinchazos que da el sumergir las manos en agua fría cuando una tiene sabañones… Tenia, también junto a la cocina, una vieja Singer a pedal, de las de la mesa de madera y patas de hierro + una interminable colección de botones repartidos y seleccionados por tamaño y color esperando en diferentes frascos de vidrio y otros cientos de bobinas de hilos organizadas por tonos en cajas de lata.
Quela era astuta, esa noche no había calentado agua para lavar los platos. Propuso:“Queres un vestido nuevo para ir a la escuela mañana?” Que puede responder una nena de 10 años a semejante oferta? “Te juego una carrera” insistió. “Que tengo que hacer?” respondí. “A ver quien termina primero… si vos en lavar los platos o yo en hacerte el vestido” Obviamente terminamos juntas. Enjuague el ultimo vaso y me di vuelta. Quela estaba inclinada sobre la Singer cortando el ultimo hilo que unía la tela blanca con pequeñas flores anaranjadas y celestes a la maquina. Girò hacia mi y desplegó un hermoso vestido de falda fruncida, pechera cuadrada con breteles, adornados con volados que cruzaban en la espalda y se unían a la falda con dos botones naranjas nacarados…
Magia y sorpresa.
Creo que mi cara se reflejaba en la de ella porque sonreía con dulzura y cierta ingenuidad que hoy todavía recuerdo como propia.